El penúltimo guanche
Fecha viernes, 31 de agosto de 2007 a las 16:15:58
Tema De todo un poco


Si alguien le pagara 20 céntimos a Narayán Oramas por cada erizo diadema (verdadera plaga que está convirtiendo nuestras costas en auténticos blanquizales ante la pasividad de nuestros responsables públicos), es posible que este 'penúltimo guanche' tuviese hoy una de las fortunas más potentes de ese Sur.

Pero, como siempre suele ocurrir en estos casos, la verdadera pasión que este hombre ha puesto durante años, machacando erizos en inmersiones a pulmón hasta los 20 metros de profundidad, no sólo no ha tenido más recompensa que la satisfacción de ver cómo en poco tiempo en esos fondos muertos volvía a resurgir la vida (lo que para él es más que suficiente) sino que, habitualmente, lo que ha recibido por parte de los responsables políticos no ha sido otra cosa que el desprecio y la indiferencia más absoluta.


Y es que fue Narayán el que promovió, con el apoyo del Ayuntamiento de Granadilla por primera vez, la 'escachada' de erizos del pasado fin de semana, donde participaron equipos de submarinistas de bomberos voluntarios así como de algún club de buceo. El Cabildo, en cambio, no sólo no prestó la más mínima colaboración sino que retiró de Los Abrigos el barquito que se les pedía para distribuir submarinistas y apoyar la operación. Claro que alguien debió pensar en ese cabildo que esas cosas que pasan debajo del agua no se venden políticamente tan bien como las retiradas de basura en tierra, independientemente de que desde el punto de vista ecológico lo del erizo diadema representa, junto con los vertidos de aguas residuales, acaso la peor amenaza que existe para nuestras maltrechas costas.

Cada apnea de Narayán dura aproximadamente 1 minuto y 40 segundos, y durante ese tiempo puede matar unos cuarenta erizos de media, dependiendo de las zonas. En un día puede llegar a realizar unas 70 inmersiones de estas características, lo que le ha permitido, en cinco años, transformar radicalmente buena parte de los fondos cercanos al núcleo de Los Abrigos, en Granadilla. Claro que su desesperación es ver cómo a nadie interesa este asunto y cómo, por parte de los verdaderos responsables, no existe el más mínimo interés por erradicar -o mantener a raya- definitivamente esta plaga.

Yo creo que el principal reconocimiento que ha tenido este hombre, auténtico fenómeno del que no conozco precedentes, ha sido la candidatura de Ben Magec a sus premios anuales de Medio Ambiente. Creo que no tuvo suerte esta vez, pero lo que no me cabe ninguna duda es que si hoy por hoy hubiese que galardonar a alguien por su acción directa a favor de nuestro entorno, sería Narayán Oramas uno de esos individuos irrepetibles que, además, representan todo un ejemplo para la mayoría de los que de alguna u otra forma nos interesamos por lo más valioso de nuestro patrimonio natural.

Acaso lo que le pierde a Narayán, y seguramente por eso pocos políticos le soportan, es que no tiene pelos en la lengua para denunciar la dejadez y la incompetencia política para afrontar retos que, como ha demostrado con hechos Narayán, no son tan 'imposibles' de combatir como nos quieren hacer ver los que no tienen otra forma de justificar su incompetencia o su desvergüenza, que nunca se sabe. Si se quiere se puede, incluso con voluntarios debidamente apoyados por las administraciones se les podría hacer mucho daño. Otra cosa es que aquí no vea nadie la posibilidad de mamarse un contrato multimillonario y por eso poco, o nada, interesa un problema ambiental de esta magnitud.

Fuente: Canarias 24 horas







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